Verdades sobre Rutas Interiores de Manuel Oliva: Crítica escrita a manera de confesión
- revistakuma
- 16 mar
- 6 Min. de lectura
Luis Gutiérrez Aliste - Ulises de los Monicongos
Kíltricas Literarias
Ya ni siquiera recuerdo el instante, pero en algún momento entre 2020 y 2022 se realizó la presentación virtual del libro de Manuel. Yo estaba invitado como ¿comentador? del texto, habiendo aceptado sin razón aparente. Recuerdo que olvidé por ese entonces el asunto, de hecho, después de aceptar la invitación de la Editorial no pensé más en ello hasta que llegó el día y debí comparecer sobre mi supuesta lectura de los poemas de Manuel. Faltaba una hora cuando alguien, no sé quién, me lo recordó, probablemente fue mi amigo Garza que siempre se empeña por mantenerme dentro del mundo.
Admito que leí algunas cosas por encima y me hice más o menos una idea. Pero no entendí demasiado, estaba un poco desorientado por el temor al volcán más que por la lectura de libros que no eran de mi verdadero interés.
No sé qué dije cuando hablé, escribí algunas cosas en un cuaderno, pero se borraron de mi memoria. Sin embargo, todo salió bien, se podría considerar un éxito la presentación. Manuel leyó y por primera vez supe de qué iban realmente. Descubrí que hablar bien de un libro no es difícil, basta con decir cosas rimbombantes y tener una que otra cita del texto para alabar, nada más.
¿Para qué hablamos de los libros que leemos? ¿Qué existe detrás de toda esa escena creada en torno al diálogo sobre los libros que producimos? No podría decirlo con certeza, pues todas las cosas que se me vienen a la cabeza es que su único interés es el de atraer la atención. Invitamos gente a las presentaciones, para que desempeñen ese valor de grandes figuras que demuestren la relevancia de los libros que apenas nacen. Espectáculo de las apariencias. ¿Qué perseguimos cuando publicamos un libro? Esa duda siempre me ha retenido de hacer una de esas presentaciones tan espectaculares sobre mis propios libros. Si no fuera por mi amigo Garza probablemente todo lo que escribo se mantendría en secreto. Es complicado verle una respuesta que no sea deshonesta con los verdaderos intereses de realizar una presentación.
¿Para qué me habrán invitado a mí a comentar el libro de Manuel? ¿Solo porque mi nombre se hacía algo relevante dentro de la poesía de la Araucanía, solo por tener un pequeño éxito en nuestro proyecto Kuma? Manuel no me conoce, ni yo le conozco, no creo haber cruzado nunca palabras con él, ¿fue solo algo que la Editorial consideró para "hacer comunidad" entre los escritores de la región? Estas preguntas me vienen ahora como una especie de introducción para la pregunta real ¿Por qué, pese a todas mis restricciones, acepté participar?
¿Tan necesitados estamos los poetas? ¿tanta atención requerimos sobre nosotros mismos? Dios es mi testigo, no recuerdo las razones por las que acepté. En realidad, en materia de poesía me considero "mañoso", casi nada de lo que leo me gusta. Eso lo digo más como un pesar, que como un signo de superioridad. No ahondaré en esto y lo nombro aquí nada más para decir que en retrospectiva, me parece contradictoria mi participación en dicha instancia.
Fue una presentación online, de esas que nos legó el tiempo de la pandemia. Creo que alguien más, además del director de la Editorial, presentó su lectura esa vez, probablemente otro de los mal llamados "nuevos poetas jóvenes de Temuco". Se vendió el libro también, eso lo recuerdo, aunque he olvidado el precio. Yo nunca lo tuve en físico, me enviaron una versión en digital. En ese tiempo vivía en Coñaripe, atormentado por un un gigante Villarrica que amenazaba con reventar, no tenía tiempo para bajar a la ciudad para buscar un libro de poemas. Leía en ese tiempo las Sagas Nórdicas, soñando que construía un drakkar para navegar sobre el lago Calafquén y luchar a mano limpia contra el Calaftrón. (Me fui un poco del tema por lo que retomo).
Pensaba que me iba a morir, el amago de un corazón que se despedía del mundo me hacía débil cresta entre olas que se apagan. La verdad, quizás, me dejé llevar por una bondad que esperaba la desaparición de su alma. Fui, dije cosas, y pregunté. Desplegué unas alas de zorzal sobre aquellos versos desconocidos, procurándome escuchar todo lo que se decía, antes de que fuera mi turno, estrategias de un burlador, ir construyéndose un discurso a partir de las palabras de otros.
Ahora, en 2025, me encontraba borrando cosas inservibles de mi computadora, fue allí que me encontré de nuevo con el archivo que contenía el libro de Manuel. Decidí leerlo.
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Ahora me pongo el traje de santo y hablo de los poemas de Manuel
La poesía de Manuel Oliva presente en el libro Rutas Interiores se encuentra muy emparentada con el título, estas rutas parecen ser como esas reflexiones de camino que se sostienen en el uno mismo. A veces parece que se escriben libros para que el poeta hable consigo. De alguna manera su vida parece carecer de una respuesta y crece como hiedra sobre los versos. Hablar de nosotros mismos, de nuestras penurias y sueños. Crecen y crecen como esquirlas de mala poesía.
Me surge una pequeña contradicción con la poesía de este libro, que por un lado presenta acercamientos y versos realmente bien logrados, algunos poemas realmente no me parecen malos y hay algunos aciertos que me parecen muy relevantes. Sin embargo en la mayoría de los textos, de manera muy personal, me parece que sobra demasiado.
Hay algo que me ocurre con la poesía escrita por personas que se declaran a sí mismos antropólogos, siento, aunque quizás me equivoque, que tienden mucho a dejar claro el tiempo y el sitio desde el que escriben. Eso en especial no me gusta, siento que son datos más para el análisis que para la belleza. Reitero, este juicio es dentro de mis propios gustos, no hago aquí un decálogo de cómo debería ser la poesía ni mucho menos.
Sin decir más, les dejo para que lean, algunos de los versos que me gustaron de este libro.
"La lluvia será una conquista para estos cuerpos de barro."
--[Bonito, un verso que te puede salvar del mundo y sus tristezas]
"..."
Territorio
Nunca le dije a los conejos
Que el amor había muerto
Pero si leí los poemas
Avergonzado entre los cerezos.
Atravesando la lluvia
Por las estaciones
Con esa sensación prístina
De saberse agujereado.
De dónde venimos
Qué es lo que somos
Acaso tenemos derecho
A nombrar un horizonte.
Venía escuchando
La música por los cascos,
Entonces valía marchar solo
Y obligarse hasta saberlo.
Nunca le dije a nadie,
hasta que la angustia se transformó en llanto
Pero lo mío fue escarbar el huerto
Hasta ver la maleza de oro.
Jamás le mostré los dientes
A quien nació para ser amado
Es más, todavía tengo lágrimas;
Te quise mucho, viejo amigo.
Lo mío fue venir bajando cerro
Cómo dicen los sabios antiguos
Un traguito pa la tierra
Y a mancharse la vida.
Ahora llevo estos cantos negros
La florcita en medio de la espiga,
Soñando dulce con el firmamento
y la mano fuerte puliendo la piedra.
--[Este poema lo dejo entero, creo que es el mejor de todos los que están en este libro]
"Esa tierra la esparce el viento.
Y con el viento, nosotros vamos."
--[Me gustó este, ta bonito]
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Ahora, para ser un poco travieso, algunos versos que no me gustaron para nada.
"La yuta es el terror del barrio, la pobreza es la cárcel
La educación es una jaula; no nos quieren dejar volar."
--[No me gusta, me parece poco poético y demasiado amable con las amenazas]
"Hay que superar esa incapacidad de demostrar afecto"
--[Tampoco me gusta, podría estar en una foto de Piolín]
"No es lo mismo dárselas de underground
A los 17 que a los 26 años"
--[Quizá no lo entiendo, o ya estoy demasiado viejo, quizás quizás, ya no tengo quince años]
APÉNDICE UNO: Estas palabras son puras tonteras Manuel, pero si me quieres pegar, bueno, apenas me pilles entre las rutas me sacas la chucha y listo. No opondré resistencia.
APÉNDICE DOS: ¿Qué se edita cuando se edita mi dios? ¿Cuáles son las cosas que se quedan, y las cosas que se van volando? Solo tú, en tu infinito ingenio has sabido rompernos hasta hacernos esta materia viva que quiere volver a vomitar algo tan hermoso como la vida misma, como la muerte. Si un día los poetas y los editores llegamos a tener la astucia suficiente, existirá aquello que todos buscamos. Dios, dios, solo solo tú, hasta ahora nadie más.
APÉNDICE TRES: Mi papá también se llama Juan, por eso declaro y vuelvo a declarar que el mejor verso de todos los tiempos en los que alguien ha escrito es el siguiente:
"Te llamas Juan
como tantos hombres de esta tierra"
(Bueno, debo admitir que corté ese verso hasta la parte en la que me parecía glorioso, todo lo demás creo, muy a mi pesar, que podría perderse para siempre)
Un saludo a mi papá... que se llama Juan.

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